viernes, 3 de septiembre de 2010

[uniendo letras:36201] Una pesadilla - Viejisimo

                                              Una pesadilla

                             

           Alejandrina la esposa de Florencio  y Rosi, la esposa del secretario de Florencio esperaban  con ansias a que este saliera de su casa para empezar a vestir  a Raquel y Lila.   Les explicaban a las ninas entre susuros que irían a un lugar  muy especial que  debía ser un secreto del que nunca deberian hablar. A Raquel le pusieron un vestido celeste y a Lila uno rosado, eran los que habían usado en las  pasadas fiestas de carnavales.

           Raquel y Lila salieron de la  antigua casona de la mano de Rosi.  Rosi era una mujer como de unos cincuenta años,  de baja estatura y cara redonda  y fracciones no muy agraciadas.   Su largo  pelo negro lo peinaba en los trenzas. Vestía  enteramente de negro.

          Rosi llevo a las niñas  a las afueras de la ciudad muy cerca de la orilla del Lago Titicaca. Rosi se detuvo delante de una casa que estaba a medio  medio construir,  la puerta principal de la casa se abría hacia el lago. Lila pensó que sería bonito vivir cerca del lago para gozar de los bellos amaneceres puneños. Rosi tocó la puerta y un hombre desconocido con aspecto de uno de  los muchos  empleados en el servicio de la casa de Florencio,   abrió la puerta.

- Buenas tardes,  Antonio, saludo Rosi con mucha familiaridad

- Buenas tardes, Rosi.  Todo está listo,  las estoy  esperando desde hace rato.

       - Me tarde porque  Florencio no salía de  casa, no queríamos que él sospeche,  y volteando  y señalo:

- Esta es Raquel  y la otra es Lila.

- Mucho gusto de conocerlas niñas, respondió el extraño.

- ¿Dónde está Melisa?

-Está enferma y está descansando en su cuarto.

Lila sintió una gran decepción al ver que en el cuarto no había niños. Alli no no habia ninguna fiesta de ninos. El sitio no estaba   preparado para una fiesta infantil.  En el  único mueble era  aparador que lucia   unos  horroroso adornos. A Lila  le dió ganas de salir corriendo,  pero la casa de su padre estaba bastante lejos  y ella no conocía el camino. La pequeña revisó sus opciones sabía que no podría llegar sola a su casa y si su padre se enteraba que estuvo caminando sola y  sin rumbo, se enojaría muchísimo con ella. Conocía la facilidad con que Rosi mentía para dar explicaciones y las dos serian acusadas de una gran desobediencia, la mejor opción era quedarse y pretender acatar las órdenes de los dos adultos.

          La puerta se abría en el lado largo de la sala, las paredes eran de color blanco estaban cubiertas con yeso y sin pintar. En  la mitad del lado derecho estaba arreglado como una sala.  El hombre mostró con cierto orgullo a Rosi  el lapiz y  un cofre de madera tallada por el mismo,   unas telas blancas  que parecían que eran los que usan los sacerdotes para limpiar el cáliz después de la comunión, vendas, un platillo .

Después de mostrar los objetos las hizo pasar al lado izquierdo  de la habitación  que estaba  arreglada para servir como  comedor. La mesa era larga y también estaba cubierta con un mantel blanco, alrededor de la cual había dos sillas y dos troncos de un buen diámetro.       

          En la cabecera se sentó Antonio.  Al lado derecho se sentó Rosi. A las  a dos niñas les hicieron sentar en los troncos que estaban en el lado izquierdo de la mesa. Antonio le contó a Rosi que le había costado mucho hacer trasplantar estos árboles para ponerlos en el sitio para ser usados especialmente en esta ocasión.  Lila pensó ¿Qué hay de especial en esta ocasión y estos troncos?

          Antonio salió a traer unos platos de mazamorra blanca y tanto al ir como al regresar al pasar por delante del aparador hizo una venia. Rosi ayudo a poner los platos delante de cada una de las niñas y Antonio empezó a jugar con un clave. Lila preguntó por qué Rosi y el hombre no tenían plato para comer. Antonio contestó que esta era una ocasión muy especial y que solo era para  las dos  niñas. Con tono de  un discurso que también podría haber pasado por oración continuo: Hoy se sellara el pacto en que la familia de su padre terminara,  así como se termino la vida de esos árboles sobre los que están sentadas,  antes estaban vivos y tenían una raíz extensa. Así Uds. los hijos e hijas  tendrán que salir de su casa.  Su familia será mi familia. Dos de sus hermanos se casaran con dos de mis hijas. Solo los dos tendrán hijos, nadie más tendrá hijos, ninguno podrá conseguir sus metas y nunca serán nada.  La próxima generación de nueva sangre llevara su nombre.

 Lila miró al hombre y lo comparo con su padre. Este extraño más se parecía  uno de los sirvientes que uno de los amigos de su padre. Qué derecho tenia este pobre diablo para desearles tanto mal, pensó Lila  recordando a todos sus hermanos aun niños que jugaban contentos y llenos de ilusiones.

          Las dos decidieron no comer la extraña mazamorra, Rosi y Antonio insistieron y no había otra salida  más que pretender hacerlo.  Lila  empezó a embarrar el plato tirando un poco sobre la mesa y se manchó la cara con la mazamorra pero no la probó. Con horror escuchó que Raquel decía.

-     Pruébalo esta  sabroso, te va a gustar.

- No voy a comerlo y tú tampoco debes comerlo,  susurro  un poco enojada.

          Raquel solo comió dos o tres cucharas   cuando Antonio  las hizo parar y mandó a llamar a sus hijas Griselda y Rina.  Dos muchachas mayores de diez años entraron  a la sala y después de saludar tomaron los asientos en los que antes estaban sentadas Raquel y Lila y comenzaron a comer de los platos de ellas. Qué falta de higiene.  Florencio, hubiera dicho, pero esa era una casa extraña y no se debía criticar, pensó Lila.

  El hombre  pidió a Rosa que se asegurara de que las dos niñas no tocaran ni el mantel mientras sus hijas comían. Lila disimuladamente agarró el  mantel, estaba enfadada y  no quería darle gusto a ese desconocido. 

          Después de asegurarse de que los platos estaban vacíos el hombre pidió a sus hijas que salieran del cuarto.  Lila tomo valor y pidió si podía ir a jugar afuera con las dos muchachas. Antonio respondió que ellas eran algo muy especial y que en el futuro Raquel y Lila  serian como hermanas de las dos muchachas. Uds. deberán  servirles como perros guardianes y defenderlas. Esto humilló mucho los sentimientos de la pequeña  Lila, así será con Uds. y sus hermanos siempre los harán sentir menos.

          Cuando sus hijas ya estaban fuera de vista.  Antonio  pidió a Rosi que distrajera  un poco a las dos pequeñas.  Se levantó y camino con el "cleaver "en la mano hacia el aparador. Lila de reojo vio como el hombre levanto el cleaver y lo dejo caer con fuerza sobre sus dedos. La sangre corría a  borbotones y después de  asegurarse  de que una buena cantidad cayese  sobre el platillo y comenzó rápidamente a envolverse los dedos con las telas blancas que estaban encima del aparador y pronto se convirtieron en rojas.  Con el palo usando la sangre del platillo  escribió algo en un papel duro, amarillo. Para luego doblar el papel y meterlo  en un cofre de madera junto con  sus tres dedos. Rosi se acerco y le ayudo a vendar su mano.

          Lila se admiró que el  hombre no gritara ni se quejara de dolor. Estaba pálido y parecía estar a punto de desmayarse. Con el cofre en las dos manos entro en el  cuarto donde dijo que estaba su esposa descansando y al poco rato volvió a tomar su puesto en la mesa. Le hizo una seña a Rosi, que se levantó y   tomo de la mano a Raquel diciéndole que era hora de  saludar a la esposa de Antonio. Las dos se tardaron un poco y  luego le tocó el turno a Lila.

           El dormitorio estaba en completamente  oscuro, las paredes  y el techo estaban cubiertas con tela negra.  La única iluminación era de una pequeña vela negra que estaba puesta en el tocador del dormitorio.  El tocador estaba también cubierto con la misma  tela negra que cubría el techo y las paredes. Encima de este había objetos extraños entre los que Lila vio el cofre 

 - Tienes que agarrarlo y besarlo, le ordeno Rosi.

          Lila cerró los ojos era un cuarto espantoso y ella sabía que en el cofre estaban los dedos del hombre que les deseaba tanto daño.  Tomo el cofre y pretendió besarlo,  se lo llevo a su mejilla pero no puso sus labios en él y lo  volvió a  poner el cofre donde le indicaron. Rosi hizo que Lila saludara a la desconocida que tenias la cabeza amarrada con una pañoleta roja con puntos blancos e insistió en que le besara la mejilla.

          Al salir del cuarto pudo ver que Antonio muy pálido.  La venda estaba de nuevo ensangrentada y Lila haciendo que no había visto nada,  le preguntó,

-¿Qué  le pasó en la mano?

- Un accidente, respondió el extraño

Rosi volvió a ayudarle a cambiarse las vendas.  El extraño dijo que ya todo estaba concluido y era tiempo de despedirse. En ese momento  pareció ganar fuerzas y se acercó para mirar fijamente a las niñas. Lila al mirar la pupila del hombre le pareció ver las pupilas de una gran  una serpiente.

-     Si alguna de Uds. hablan su padre morirá. Yo me encargare de que esto pase, fueron las palabras de despedida del hombre.

     El camino de regreso fue sombrío Raquel y Lila sintieron la necesidad de tomarse  la mano con fuerza y se pellizcaron  varias veces para ver si en realidad estaban despiertas, acaso esto no era una pesadilla.

 ¿Qué significaba todo esto? Lila tenía el cuerpo adolorido y desde entonces por muchos años  se sintió como traidora  a su propia familia por haber participado y compartido unos momentos con gente que deseaba  tantas desgracias para su familia.

          Lila le preguntó a su madre por que la había enviado a ese sitio, ella parecía que no ignorar  lo que su hija habia presenciado y les  ordeno callar si no ella misma avisaría a su amiga Rosi  para que el desconocido que cumpliera su promesa.

         

 

Maria

                    


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