Alejandrina la esposa de Florencio y Rosi, la esposa del secretario de Florencio esperaban con ansias a que este saliera de su casa para empezar a vestir a Raquel y Lila. Les explicaban a las ninas entre susuros que irían a un lugar muy especial que debía ser un secreto del que nunca deberian hablar. A Raquel le pusieron un vestido celeste y a Lila uno rosado, eran los que habían usado en las pasadas fiestas de carnavales.
Raquel y Lila salieron de la antigua casona de la mano de Rosi. Rosi era una mujer como de unos cincuenta años, de baja estatura y cara redonda y fracciones no muy agraciadas. Su largo pelo negro lo peinaba en los trenzas. Vestía enteramente de negro.
Rosi llevo a las niñas a las afueras de la ciudad muy cerca de la orilla del Lago Titicaca. Rosi se detuvo delante de una casa que estaba a medio medio construir, la puerta principal de la casa se abría hacia el lago. Lila pensó que sería bonito vivir cerca del lago para gozar de los bellos amaneceres puneños. Rosi tocó la puerta y un hombre desconocido con aspecto de uno de los muchos empleados en el servicio de la casa de Florencio, abrió la puerta.
- Buenas tardes, Antonio, saludo Rosi con mucha familiaridad
- Buenas tardes, Rosi. Todo está listo, las estoy esperando desde hace rato.
- Me tarde porque Florencio no salía de casa, no queríamos que él sospeche, y volteando y señalo:
- Esta es Raquel y la otra es Lila.
- Mucho gusto de conocerlas niñas, respondió el extraño.
- ¿Dónde está Melisa?
-Está enferma y está descansando en su cuarto.
Lila sintió una gran decepción al ver que en el cuarto no había niños. Alli no no habia ninguna fiesta de ninos. El sitio no estaba preparado para una fiesta infantil. En el único mueble era aparador que lucia unos horroroso adornos. A Lila le dió ganas de salir corriendo, pero la casa de su padre estaba bastante lejos y ella no conocía el camino. La pequeña revisó sus opciones sabía que no podría llegar sola a su casa y si su padre se enteraba que estuvo caminando sola y sin rumbo, se enojaría muchísimo con ella. Conocía la facilidad con que Rosi mentía para dar explicaciones y las dos serian acusadas de una gran desobediencia, la mejor opción era quedarse y pretender acatar las órdenes de los dos adultos.
La puerta se abría en el lado largo de la sala, las paredes eran de color blanco estaban cubiertas con yeso y sin pintar. En la mitad del lado derecho estaba arreglado como una sala. El hombre mostró con cierto orgullo a Rosi el lapiz y un cofre de madera tallada por el mismo, unas telas blancas que parecían que eran los que usan los sacerdotes para limpiar el cáliz después de la comunión, vendas, un platillo .
Después de mostrar los objetos las hizo pasar al lado izquierdo de la habitación que estaba arreglada para servir como comedor. La mesa era larga y también estaba cubierta con un mantel blanco, alrededor de la cual había dos sillas y dos troncos de un buen diámetro.
En la cabecera se sentó Antonio. Al lado derecho se sentó Rosi. A las a dos niñas les hicieron sentar en los troncos que estaban en el lado izquierdo de la mesa. Antonio le contó a Rosi que le había costado mucho hacer trasplantar estos árboles para ponerlos en el sitio para ser usados especialmente en esta ocasión. Lila pensó ¿Qué hay de especial en esta ocasión y estos troncos?
Antonio salió a traer unos platos de mazamorra blanca y tanto al ir como al regresar al pasar por delante del aparador hizo una venia. Rosi ayudo a poner los platos delante de cada una de las niñas y Antonio empezó a jugar con un clave. Lila preguntó por qué Rosi y el hombre no tenían plato para comer. Antonio contestó que esta era una ocasión muy especial y que solo era para las dos niñas. Con tono de un discurso que también podría haber pasado por oración continuo: Hoy se sellara el pacto en que la familia de su padre terminara, así como se termino la vida de esos árboles sobre los que están sentadas, antes estaban vivos y tenían una raíz extensa. Así Uds. los hijos e hijas tendrán que salir de su casa. Su familia será mi familia. Dos de sus hermanos se casaran con dos de mis hijas. Solo los dos tendrán hijos, nadie más tendrá hijos, ninguno podrá conseguir sus metas y nunca serán nada. La próxima generación de nueva sangre llevara su nombre.
Lila miró al hombre y lo comparo con su padre. Este extraño más se parecía uno de los sirvientes que uno de los amigos de su padre. Qué derecho tenia este pobre diablo para desearles tanto mal, pensó Lila recordando a todos sus hermanos aun niños que jugaban contentos y llenos de ilusiones.
Las dos decidieron no comer la extraña mazamorra, Rosi y Antonio insistieron y no había otra salida más que pretender hacerlo. Lila empezó a embarrar el plato tirando un poco sobre la mesa y se manchó la cara con la mazamorra pero no la probó. Con horror escuchó que Raquel decía.
- Pruébalo esta sabroso, te va a gustar.
- No voy a comerlo y tú tampoco debes comerlo, susurro un poco enojada.
Raquel solo comió dos o tres cucharas cuando Antonio las hizo parar y mandó a llamar a sus hijas Griselda y Rina. Dos muchachas mayores de diez años entraron a la sala y después de saludar tomaron los asientos en los que antes estaban sentadas Raquel y Lila y comenzaron a comer de los platos de ellas. Qué falta de higiene. Florencio, hubiera dicho, pero esa era una casa extraña y no se debía criticar, pensó Lila.
El hombre pidió a Rosa que se asegurara de que las dos niñas no tocaran ni el mantel mientras sus hijas comían. Lila disimuladamente agarró el mantel, estaba enfadada y no quería darle gusto a ese desconocido.
Después de asegurarse de que los platos estaban vacíos el hombre pidió a sus hijas que salieran del cuarto. Lila tomo valor y pidió si podía ir a jugar afuera con las dos muchachas. Antonio respondió que ellas eran algo muy especial y que en el futuro Raquel y Lila serian como hermanas de las dos muchachas. Uds. deberán servirles como perros guardianes y defenderlas. Esto humilló mucho los sentimientos de la pequeña Lila, así será con Uds. y sus hermanos siempre los harán sentir menos.
Cuando sus hijas ya estaban fuera de vista. Antonio pidió a Rosi que distrajera un poco a las dos pequeñas. Se levantó y camino con el "cleaver "en la mano hacia el aparador. Lila de reojo vio como el hombre levanto el cleaver y lo dejo caer con fuerza sobre sus dedos. La sangre corría a borbotones y después de asegurarse de que una buena cantidad cayese sobre el platillo y comenzó rápidamente a envolverse los dedos con las telas blancas que estaban encima del aparador y pronto se convirtieron en rojas. Con el palo usando la sangre del platillo escribió algo en un papel duro, amarillo. Para luego doblar el papel y meterlo en un cofre de madera junto con sus tres dedos. Rosi se acerco y le ayudo a vendar su mano.
Lila se admiró que el hombre no gritara ni se quejara de dolor. Estaba pálido y parecía estar a punto de desmayarse. Con el cofre en las dos manos entro en el cuarto donde dijo que estaba su esposa descansando y al poco rato volvió a tomar su puesto en la mesa. Le hizo una seña a Rosi, que se levantó y tomo de la mano a Raquel diciéndole que era hora de saludar a la esposa de Antonio. Las dos se tardaron un poco y luego le tocó el turno a Lila.
El dormitorio estaba en completamente oscuro, las paredes y el techo estaban cubiertas con tela negra. La única iluminación era de una pequeña vela negra que estaba puesta en el tocador del dormitorio. El tocador estaba también cubierto con la misma tela negra que cubría el techo y las paredes. Encima de este había objetos extraños entre los que Lila vio el cofre
- Tienes que agarrarlo y besarlo, le ordeno Rosi.
Lila cerró los ojos era un cuarto espantoso y ella sabía que en el cofre estaban los dedos del hombre que les deseaba tanto daño. Tomo el cofre y pretendió besarlo, se lo llevo a su mejilla pero no puso sus labios en él y lo volvió a poner el cofre donde le indicaron. Rosi hizo que Lila saludara a la desconocida que tenias la cabeza amarrada con una pañoleta roja con puntos blancos e insistió en que le besara la mejilla.
Al salir del cuarto pudo ver que Antonio muy pálido. La venda estaba de nuevo ensangrentada y Lila haciendo que no había visto nada, le preguntó,
-¿Qué le pasó en la mano?
- Un accidente, respondió el extraño
Rosi volvió a ayudarle a cambiarse las vendas. El extraño dijo que ya todo estaba concluido y era tiempo de despedirse. En ese momento pareció ganar fuerzas y se acercó para mirar fijamente a las niñas. Lila al mirar la pupila del hombre le pareció ver las pupilas de una gran una serpiente.
- Si alguna de Uds. hablan su padre morirá. Yo me encargare de que esto pase, fueron las palabras de despedida del hombre.
El camino de regreso fue sombrío Raquel y Lila sintieron la necesidad de tomarse la mano con fuerza y se pellizcaron varias veces para ver si en realidad estaban despiertas, acaso esto no era una pesadilla.
¿Qué significaba todo esto? Lila tenía el cuerpo adolorido y desde entonces por muchos años se sintió como traidora a su propia familia por haber participado y compartido unos momentos con gente que deseaba tantas desgracias para su familia.
Lila le preguntó a su madre por que la había enviado a ese sitio, ella parecía que no ignorar lo que su hija habia presenciado y les ordeno callar si no ella misma avisaría a su amiga Rosi para que el desconocido que cumpliera su promesa.
Maria
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