Los Ángeles a través de los siglos
Como olas que rompen a través de la historia, la presencia de los ángeles en nuestra vida ha avanzado, profundizándose mediante los encuentros celestiales de hombres y mujeres valerosos y la lenta y paciente conjunción de entendimientos que estos han podido retener y transmitir a quienes los siguieron.
Abrigael nos dice que, en la actualidad, estamos ante el surgimiento de la tercera gran ola de ángles. La primera ocurrió en los tiempos bíblicos, cuando sólo se presentaban a algún profeta o patriarca. La segunda, durante el período medieval, en que aparecían principalmente ante santos y videntes. La tercera ola comenzó a tomar impulso en los siglos XVIII y XIX. Es ahora, en esta tercera ola, cuando los ángeles tienden los brazos a todos y cada uno de nosotros. Visitan a poetas y artistas y, cada vez más, a personas de toda condición. Aparecen en novelas populares, en películas y como estrellas de importantes espectáculos de televisión. En todo el planeta, la gente está recibiendo el mensaje: los ángeles están listos para entrar en la vida de todos, lo cual es posible gracias a nuestra evolución de conciencia, tan duramente ganada.
Los ángeles nos vigilan; esa es, claramente, una de sus funciones. Pero también se nos revelan expandiendo gradualmente nuestra visión del mundo para incluir un universo mucho más grande, tanto en el plano interior como en el exterior. Nos ayudan a ver que no estamos solos y a la deriva en un cosmos vasto y desierto, como simples grupos de moléculas reunidas al azar, sin ton ni son ni propósito.
Todos somos una parte de esa expansiva oleada de conocimiento, y la historia de esta ola es parte de nuestra herencia espiritual global. No pertenece a los miembros de ninguna religión, raza, credo o sexo en particular, sino a toda la humanidad.
En tiempos antiguos, los ángeles eran considerados servidores de Dios y guías nuestros hacia los reinos superiores. Sin embargo, hacia la Edad Media hubo una crecioente tendencia a considerarlos sirvientes potenciales de cualquiera que conociese sus nombres. Aparecieron tratados sobre cómo invocarlos y dominarlos. No es de extrañar que los ángeles caídos despertaran tanta fascinación en ese período, pues la gente creía que podían ofrecer poderes ilimitados a quienes trabajaran con ellos.
En el año 613 de la Era Cristiana, el arcángel Gabriel volvió a intervenir en la historia humana, en esa ocasión para desempeñar su parte en la creación del Islam. Gabriel comenzó a dictar el Corán al profeta Mahoma, tarea que se prolongó hasta la muerte de Mahoma, en el 632. Este gran emprendimiento, junto con el vuelo nocturno del profeta al Paraíso, en compañía de los ángeles, puso a los celestiales como centro de otra influyente pieza de ingeniería social y religiosa.
En las centurias siguientes, mientras Europa del Norte atravesaba con gran dificultad la era de oscuridad que siguió a la caída del Imperio Romano, se producía un maravilloso florecimiento de las ciencias, las artes y las tradiciones místicas en las comunidades judías y musulmanas, que entraban en contacto mutuo en España, Egipto y el norte de Africa.
Fueron los sufíes, los místicos del mundo islámico, quienes pusieron un nuevo énfasis en los encuentros con nuestros amigos invisibles. Ellos veían a los ángeles como compañeros del corazon, reflejos de Dios, el Bienamado. Esta profunda percepción, que se basaba en auténticos encuentros con los celestiales, introdujo el inspirador concepto de los ángeles como amigos amantes.
Y en Europa la era oscura cedía paso gradualmente a las sublimes percepciones del arte gótico. Gráciles catedrales se elevaban a los cielos, con intrincadas tallas de imágenes sacras en sus superficies. Los ángeles que rodean el portal mayor de la catedral de Chartres, por ejemplo, expresan a la prefección algunos de los sentimientos bellos y protectores que la humanidad había llegado a asociar con los reinos celestiales.
La relación entre humanos y ángeles es, por naturaleza muy íntima. Los ángeles nos han demostrado que nosotros, los humanos, somos esa parte del Creador más adentrada en la densidad de la materia. Es el reconocimiento que los ángeles hacen del Creador dentro de nosotros lo que los motiva tan profundamente a ayudarnos en nuestra vida humana.
Un médico holandés, H. C. Moolenburgh, comenzó a interesarse por los ángeles después de oír que tantos de sus pacientes hablaban de ellos, y ha escrito sus descubrimientos en UN MANUAL DE ÁNGELES. Ve a los humanos como un equipo de buceadores de profundidad que buscan tesoros perdidos, conectados con la superficie sólo por unas mangueras de aire y por la radio. Los ángeles son la tripulación de superficie que trabaja a bordo del barco para asegurarse de que no corramos peligro.
"Hasta hemos recibido", escribe, "instrucciones detalladas sobre el tipo de tesoro que deberíamos recoger, que ha de ser de un tipo que podamos llevar con nosotros. Y probablemente nos suben todas las noches para que tengamos un respiro, y a nuestra muerte se nos sube definitivamente."
¿Cuántas veces olvidamos que tenemos toda la ayuda del mundo? Sin embargo, a fin de evolucionar tenemos necesidad de "olvidar". De lo contrario habriamos seguido siendo, como dice Moolenburgh, "niños dependientes, sobrecogidos por la grandeza de nuestros mayores".
"Ninguna cosa creada carece de su protección personal", dice Abrigael, y los ángeles que nos protegen y aconsejan están preparados.
Todo el mundo tiene ángeles de la guarda arriba, en cubierta. Cuando tratamos de vivir la vida y seguir las maneras de ser más alineadas con Dios y nuestro destino más alto, nuestros ángeles se dedican más estrechamente a guiarnos y aconsejarnos.
Los mismos ángeles nos dicen que, en el momento en que uno de nosotros toma la decisión consciente de dedicar su vida a nuestro Bienamado, los ángeles guardianes de esa persona se dedican plenamente al ser humano en cuestión.
Este libro fue escrito para ayudarte a que conozcas a tu ángel de la guarda, tu ángel acompañante. En el momento en que hagas contacto... habrás ganado tus alas.
Dios Padre-Madre nos bendice siempre a todos!
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