martes, 25 de noviembre de 2014

[ † ] Miércoles de San José. 26/11/2014. San Leonardo de Puerto Mauricio ¡ruega por nosotros y para que se conozca el valor de la Misa, el tesoro escondido! (ver adjunto)

JA

JMJ

Pax

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 12-19

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
"Los apresarán y los perseguirán, llevándolos a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía: así tendrán ocasión de dar testimonio.
Hagan el propósito de no preocuparse por su defensa, porque yo les daré palabras y sabiduría a las que no podrá resistir ni contradecir ninguno de sus adversarios. Serán traicionados hasta por sus padres, hermanos, parientes y amigos; y matarán a algunos de ustedes. Todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá; si se mantienen firmes se salvarán".


Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Suplicamos tu oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin tus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que leas. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdanos en tus intenciones de Misa!

Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las "palabras de vida eterna" (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente de vida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm

Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos: http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs

Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/?media=200354

Película completa (1 hora): http://www.gloria.tv/?media=417295

Explicación: http://www.youtube.com/watch?v=eFObozxcTUg#!

Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: "si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros" (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. Idolatramos aquello que preferimos a Él (descanso, comida, trabajo, compañía, flojera). Por eso, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15). ¿Qué pensaríamos de un cónyuge que le dice a su pareja: "Te amo, pero no quiero verte todos los días, y menos los de descanso"? ¿Le ama realmente? Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es necesaria la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: "quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación" (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesarse con el Sacerdote al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos no barrera son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, deseo o actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado… ver más en http://www.iesvs.org/p/blog-page.html

Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, pero subjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa.

 

Misal

 

mie 34a. Ordinario año Par

Antífona de Entrada

Entremos y adoremos de rodillas al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios.
 

Oración Colecta

Oremos:
Señor, que tu amor incansable cuide y proteja siempre a estos hijos tuyos, que han puesto en tu gracia toda su esperanza.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

 

Primera Lectura

Cantaban el cántico de Moisés y el cántico del Cordero
Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan 15, 1-4
Yo, Juan, vi en el cielo otra señal maravillosa: siete ángeles portadores de las últimas siete plagas con las que llegaría a su fin la cólera de Dios. Vi también una especie de mar de cristal mezclado con fuego; en la orilla estaban de pie los vencedores de la bestia, de su imagen y del número simbólico de su nombre, con las cítaras que Dios les había dado. Cantaban el cántico de Moisés, el siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo:
"Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios todopoderoso; justo y verdadero tu proceder, rey de las naciones. ¿Quién no te respetará? ¿Quién no te alabará, si sólo tú eres santo? Todas las naciones vendrán a adorarte, porque tus justas sentencias han quedado manifiestas".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 97, 1.2-3ab.7-8.9
Señor, tus obras son maravillosas.
Canten al Señor un canto nuevo, porque ha hecho maravillas; su mano le ha dado la victoria, su santo brazo.
Señor, tus obras son maravillosas.

El Señor hace pública su victoria, a la vista de las naciones muestra su salvación; ha recordado su amor y su fidelidad en favor de Israel.
Señor, tus obras son maravillosas.

Que resuene el mar y cuanto lo llena, la tierra y todos sus habitantes; aplaudan los ríos, salten de alegría las montañas.
Señor, tus obras son maravillosas.

Ante el Señor que viene a gobernar la tierra; gobernará con justicia al mundo, a las naciones con rectitud.
Señor, tus obras son maravillosas.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Sé fiel hasta la muerte y te daré como premio la vida, dice el Señor.
Aleluya.

Evangelio

Todos los odiarán por causa mía
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 12-19

Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
"Los apresarán y los perseguirán, llevándolos a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía: así tendrán ocasión de dar testimonio.
Hagan el propósito de no preocuparse por su defensa, porque yo les daré palabras y sabiduría a las que no podrá resistir ni contradecir ninguno de sus adversarios. Serán traicionados hasta por sus padres, hermanos, parientes y amigos; y matarán a algunos de ustedes. Todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, ni un cabello de su cabeza perecerá; si se mantienen firmes se salvarán".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.


Oración sobre las Ofrendas

Señor, Dios nuestro, tú que nos has dado este pan y este vino para reparar nuestras fuerzas, conviértelos para nosotros en sacramento de vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

 

Prefacio

La gloria de Dios es el hombre viviente
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Tú eres el Dios vivo y verdadero; el universo está lleno de tu presencia, pero sobre todo has dejado la huella de tu gloria en el hombre, creado a tu imagen.
Tú lo llamas a cooperar con el trabajo cotidiano en el proyecto de la creación y le das tu Espíritu para que sea artífice de justicia y de paz, en Cristo, el hombre nuevo.
Por eso,
unidos a los ángeles y a los santos, cantamos con alegría el himno de tu alabanza:

Antífona de la Comunión

Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
 

Oración después de la Comunión

Oremos:
Señor, tú que has querido hacernos participar de un mismo pan y de un mismo cáliz, concédenos vivir de tal manera unidos en Cristo, que nuestro trabajo sea eficaz para la salvación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén


Meditación diaria

34ª semana. Miércoles

PACIENTES EN LAS DIFICULTADES

— La paciencia, parte de la virtud de la fortaleza.

— Paciencia con nosotros mismos, con los demás y en las contrariedades de la vida corriente.

— Pacientes y constantes en el apostolado.

I. Los textos de la Misa de hoy, cuando ya faltan pocos días para que termine el año litúrgico, recogen una parte del discurso del Señor en el que hace referencia a los acontecimientos finales de la historia. En esta larga alocución se entremezclan diversas cuestiones relacionadas entre sí: la destrucción de Jerusalén –ocurrida cuarenta años después–, el final del mundo y la segunda venida de Cristo, llena de gloria y majestad. Jesús anuncia también las persecuciones que sufrirá la Iglesia y las tribulaciones de sus discípulos. Este es el pasaje que nos propone el Evangelio de la Misa1, al final del cual el Señor nos exhorta a la paciencia, a la perseverancia, a pesar de los obstáculos que se puedan presentar: In patientia vestra possidebitis animas vestras, con vuestra paciencia salvaréis vuestras almas.

Los Apóstoles recordarían más tarde la advertencia del Señor: No es el siervo mayor que su señor. Si me han perseguido a Mí también a vosotros os perseguirán2. Con todo, estas tribulaciones no escapan a la Providencia divina. Dios las permite porque serán ocasión de bienes mayores. La Iglesia se enriqueció en el amor a Dios y salió siempre vencedora y fortalecida en todas sus adversidades, como lo había anunciado el Señor: en el mundo tendréis grandes tribulaciones; pero tened confianza, Yo he vencido al mundo3.

En este caminar en que consiste la vida vamos a sufrir pruebas diversas, unas que parecen grandes y otras de poco relieve, en las cuales el alma debe salir fortalecida, con la ayuda de la gracia. Estas contradicciones vendrán unas veces de fuera, con ataques directos o velados, de quienes no comprenden la vocación cristiana, de un ambiente paganizado adverso o de quienes expresan una verdadera oposición a todo lo que a Dios se refiere; en otras ocasiones, surgirán de las limitaciones propias de la naturaleza humana, que no permiten, ¡tantas veces!, alcanzar un objetivo si no es a base de un empeño continuado, de sacrificio, de tiempo... Pueden venir dificultades económicas, familiares...; pueden llegar la enfermedad, el cansancio, el desaliento... La paciencia es necesaria para perseverar, para estar alegres por encima de cualquier circunstancia; esto será posible porque tenemos la mirada puesta en Cristo, que nos alienta a seguir adelante, sin fijarnos demasiado en lo que querría quitarnos la paz. Sabemos que, en todas las situaciones, la victoria está de nuestra parte.

La paciencia, según San Agustín, es "la virtud por la que soportamos con ánimo sereno los males". Y añadía: "no sea que por perder la serenidad del alma abandonemos bienes que nos han de llevar a conseguir otros mayores"4. Esta virtud lleva a soportar con buen ánimo, por amor a Dios, sin quejas, los sufrimientos físicos y morales de la vida. Frecuentemente tendremos que ejercerla sobre todo en lo ordinario, quizá en cosas que parecen triviales: un defecto que no se acaba de vencer, aceptar que las cosas no salgan como nosotros querríamos, los imprevistos que surgen, el carácter de una persona con la que hemos de convivir en el trabajo, gentes bien dispuestas pero que no entienden, aglomeraciones en el tráfico, retraso de los medios públicos de transporte, llamadas imprevistas que impiden terminar el trabajo a su hora, olvidos... Son ocasiones para afirmar la humildad, para hacer más fina la caridad.

II. La paciencia es una virtud bien distinta de la mera pasividad ante el sufrimiento; no es un no reaccionar, ni un simple aguantarse: es parte de la virtud de la fortaleza, y lleva a aceptar con serenidad el dolor y las pruebas de la vida, grandes o pequeñas, como venidos del amor de Dios. Identificamos entonces nuestra voluntad con la del Señor, y eso nos permite mantener la fidelidad en medio de las persecuciones y pruebas, y es el fundamento de la grandeza de ánimo y de la alegría de quien está seguro de recibir unos bienes futuros mayores5.

Son diversos los campos en los que el cristiano debe ejercitar esta virtud. En primer lugar consigo mismo, puesto que es fácil desalentarse ante los propios defectos que se repiten una y otra vez, sin lograr superarlos del todo. Es necesario saber esperar y luchar con perseverancia, convencidos de que, mientras nos mantengamos en el combate, estamos amando a Dios. La superación de un defecto o la adquisición de una virtud, de ordinario, no se logra a base de violentos esfuerzos, sino de humildad, de confianza en Dios, de petición de más gracias, de una mayor docilidad. San Francisco de Sales afirmaba que es necesario tener paciencia con todo el mundo, pero, en primer lugar, con uno mismo6.

Paciencia también con quienes nos relacionamos más a menudo, sobre todo si, por cualquier motivo, hemos de ayudarles en su formación, en su enfermedad... Hay que contar con los defectos de las personas que tratamos –muchas veces están luchando con empeño por superarlos–, quizá con su mal genio, con faltas de educación, suspicacias... que, sobre todo cuando se repiten con frecuencia, podrían hacernos faltar a la caridad, romper la convivencia o hacer ineficaz nuestro interés en socorrerles. La caridad nos ayudará a ser pacientes, sin dejar de corregir cuando sea el momento más indicado y oportuno. Esperar un tiempo, sonreír, dar una buena contestación ante una impertinencia puede hacer que nuestras palabras lleguen al corazón de esas personas, y siempre llegan al Corazón del Señor, que nos mirará con especial aprecio y amistad.

Paciencia con aquellos acontecimientos que llegan y que nos son contrarios: la enfermedad, la pobreza, el excesivo calor o frío..., los diversos infortunios que se presentan en un día corriente: el teléfono que no funciona o no deja de comunicar, el excesivo tráfico que nos hace llegar tarde a una cita importante, el olvido del material de trabajo, una visita que se presenta en el momento menos oportuno... Son las adversidades, quizá no muy trascendentales, que nos llevarían a reaccionar quizá con falta de paz. Ahí nos espera el Señor; en esos pequeños sucesos se ha de poner la paciencia, manifestación del ánimo fuerte de un cristiano que ha aprendido a santificar todas las menudas incidencias de un día cualquiera.

III. Caritas patiens est7, la caridad está llena de paciencia. Y al mismo tiempo esta virtud es el gran soporte de la caridad, sin el cual no podría subsistir8. Para el apostolado, singular manifestación de la caridad, la paciencia es absolutamente imprescindible. El Señor quiere que tengamos la calma del sembrador que echa su semilla sobre el terreno que ha preparado previamente y sigue los ritmos de la estaciones, esperando el momento oportuno, sin desánimos, con la confianza puesta en que aquel pequeño tallo que acaba de aparecer será un día espiga granada.

El Señor nos da ejemplo de una paciencia indecible. De las muchedumbres que se le acercan dice en ocasiones que viendo no miran, y oyendo no escuchan, ni entienden9; a pesar de todo le vemos incansable en su predicación y dedicación a las gentes, recorriendo siempre los caminos de Palestina. Ni siquiera los Doce que le acompañan en todo momento demuestran un gran aprovechamiento: aún tengo muchas cosas que enseñaros -les dice la víspera de su partida-, pero por ahora no podéis comprenderlas10. El Señor contaba con sus defectos, con su manera de ser, y no se desalienta. Más tarde, cada uno a su manera, será un testigo fiel de Cristo y del Evangelio.

La paciencia y la constancia son imprescindibles en esta labor que, en colaboración con el Espíritu Santo, hemos de llevar a cabo en nuestra propia alma y en las de nuestros amigos y familiares que queremos acercar al Señor. La paciencia va de la mano de la humildad, se acomoda al ser de las cosas y respeta el tiempo y el momento de las mismas, sin romperlas; cuenta con las limitaciones propias y las de los demás. "Un cristiano que viva la virtud recia de la paciencia, no se desconcertará al advertir que quienes le rodean dan muestra de indiferencia por las cosas de Dios. Sabemos que hay hombres que, en las capas subterráneas, guardan –como en la bodega los buenos vinos– unas ansias incontenibles de Dios que tenemos el deber de desenterrar. Ocurre, sin embargo, que las almas –la nuestra también– tienen sus ritmos de tiempo, su hora, a la que hay que acomodarse como el labrador a las estaciones y al terruño. ¿No ha dicho el Maestro que el reino de Dios es semejante a un amo que salió a distintas horas del día a contratar obreros a su viña (Mt 20, 1-7)?"11. ¿Y cómo no vamos a ser pacientes con los demás, si el Señor ha derrochado tanta paciencia con nosotros y sigue haciéndolo? Caritas omnia suffert, omnia credit, omnia sperat, omnia sustinet12, la caridad a todo se acomoda, cree todo, todo lo espera y todo lo soporta, enseñó San Pablo. Y también lo escribió para nosotros. Si tenemos paciencia, seremos fieles, salvaremos nuestras almas y también las de muchos otros que la Virgen Nuestra Madre pone constantemente en nuestro camino,

1 Lc 21, 12-19. — 2 Jn 15, 20. — 3 Jn 16, 33. — 4 San Agustín, Sobre la paciencia, 2. — 5 Cfr. Santo Tomás, Comentario a la Epístola a los Hebreos, 10, 35. — 6 Cfr. San Francisco de Sales, Epistolario, frag. 139, en Obras selectas de..., p. 774. — 7 1 Cor 13, 4. — 8 Cfr. San Cipriano, Sobre el bien de la paciencia, 15, en Folletos M. C., nº 321. — 9 Mt 13, 13. — 10 Jn 16, 12. — 11 J. L. R. Sánchez de Alva, El Evangelio de San Juan, Palabra. 3ª ed., Madrid 1987, nota 4, 1-44. —12 1 Cor 13, 7.

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Santoral               (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

 

San Leonardo de Puerto Mauricio
Predicador
Año 1751

Este santo ha sido uno de los mejores predicadores que ha tenido Italia, y logró popularizar por todo el país el rezo del santo Víacrucis.

Nació en Puerto Mauricio (Italia) en 1676.

San Leonardo de Porto Mauricio, (1676-1751)

por Isidoro de Villapadierna

El 17 de marzo de 1923 Pío XI nombraba celestial patrono de los sacerdotes que se dedican a las misiones populares a San Leonardo de Porto Mauricio, «solícito y valiente pregonero de la divina palabra, escogidísimo obrero en la viña del Señor». Émulo de San Vicente Ferrer, protector de sus misiones, fue puesto por la divina Providencia en aquel siglo XVIII racionalista, frívolo y decadente, «el más bajo de los siglos», para predicar a Jesús crucificado y renovar la piedad, atenazada por el jansenismo hipócrita y frío.

Nació en Porto Mauricio (hoy Imperia), en la azul Riviera italiana, el 20 de diciembre de 1676 en un hogar de honrados marinos. Niño serio y piadoso, fue enviado a los trece años a Roma, cursando los estudios de humanidades, retórica y filosofía en el célebre Colegio Romano, al mismo tiempo que, como congregante de los oratorios filipino y del padre Caravita, adquiría una sólida formación espiritual. A los veintiún años, sin titubeo alguno, siguió la voz del Señor, que le llamaba al estado religioso, vistiendo el hábito franciscano el 2 de octubre de 1697 en la provincia reformada romana. Ordenado de sacerdote el 23 de septiembre de 1702 y destinado a la enseñanza de la filosofía, cayó enfermo de una grave afección pulmonar, cuya curación, cinco años más tarde en su país natal, atribuyó a la Santísima Virgen, dedicándose inmediatamente de lleno al ministerio de la predicación. Trasladado en 1709 al convento de San Francisco al Monte de Florencia, trabajó incansable en el establecimiento y organización de los conventos-retiros de la Orden, donde una selección de religiosos, observantísimos entre los observantes, vivía la pureza de la regla franciscana en un intransigente aislamiento del mundo. Nombrado guardián del retiro de San Francisco al Monte, que gobernó nueve años, logró fundar en 1717 un «super-retiro» en la cercana colina del Incontro, dotándole de unos estatutos calcados en el austerísimo espíritu de San Pedro de Alcántara y del Beato Buenaventura de Barcelona.

En este eremitorio, que llevaba el sugestivo nombre de «la Soledad del Encuentro», San Leonardo redactó aquel mismo año sus Propósitos, férreo programa detallado y razonado de su lucha por la perfección, que define «trato íntimo y comercio interior con Dios Uno y Trino». Poniendo como fundamento la desconfianza en sí mismo, se crea una inaccesible zona de seguridad, «una soledad mental llamada por mí País de la Fe, donde en olvido de todas las criaturas hablaré y conversaré con Dios». Armazón del edificio espiritual son las tres obras principales del día: la santa misa, precedida de la confesión y celebrada siempre con cilicio; el oficio divino, meditando la pasión del Señor; la oración mental, «mi pan cotidiano», que extendía a todas las horas libres de la jornada. Con el «cuchillo de la mortificación» a la mano, San Leonardo fija el método ascético de adquisición y ejercicio de las virtudes teologales, votos monásticos y virtudes de religión, humildad, caridad con el prójimo y modestia; detalla las prácticas piadosas del día y las especiales de cada semana y mes, y reglamenta sus devociones predilectas: la pasión del Señor, que «meditaré día y noche»; el ejercicio del vía crucis, «que introduciré sin perdonar fatiga y aun lo impondré frecuentemente por penitencia»; la devoción a la Santísima Virgen, «cuyo sermón predicaré con especial fervor», llevando además por toda la vida, en memoria de sus siete dolores, una cruz con siete puntas sobre el pecho. Cada obra ha de llevar la etiqueta de la pureza de intención, la «nata del amor de Dios»; cada transgresión será castigada con el rezo del «Miserere» o una cruz en tierra con la lengua. Para la renovación de la pureza de intención y petición de la ayuda divina se propone la jaculatoria «Jesús mío, misericordia», que repetía millares de veces al día y recomendaba insistentemente a sus dirigidos y misionados. «El sello de todos estos mis propósitos –termina– será la presencia continua de Dios», para lo cual se ayudará de la mencionada jaculatoria y de un ingenioso recurso nemotécnico: a los dedos de la mano.

No se trata del cuaderno de un novicio fervoroso; estos 66 propósitos eran la experiencia y ejercicio de veinte años de religioso perfecto. Cinco veces los revisó y copió, poniéndolos a la firma del confesor para tener el mérito de la obediencia. La última ratificación y copia en 1745, a los sesenta y nueve años de edad, testifican la plena validez y eficacia de este manualito privado de ascética y mística, cuya observancia, minuto a minuto, llevó a nuestro Santo a las más altas cumbres de la santidad.

La fórmula de la espiritualidad de San Leonardo consistió en la equilibrada combinación de contemplación y acción. O como decía él mismo al definir su vocación: «Misión, estando siempre ocupado por Dios; soledad, estando siempre ocupado en Dios». Eterno ermitaño en su corazón, abandonaba la paz conventual para «la campaña contra el infierno», como llamaba a las misiones populares, el género predilecto de su apostolado, comenzando ya en 1708. Compuestos al principio su Cuaresma y los Sermones de misión, no se cuidó de renovarlos, y repitiéndolos apenas retocados en los mismos lugares –en Roma cerca de veinte veces–, los efectos fueron siempre maravillosos. Con un lenguaje sencillo y directo –una perla rara en aquella época del ridículo y huero barroquismo oratorio–, exponía los novísimos, la gravedad del pecado, los males del escándalo, atacando con especial vehemencia e ironía al chichisbeo, el típico y pecaminoso galanteo de aquel siglo sensual y morboso. Personalmente con los pecadores era sereno, jovial y benigno, poniendo en una buena confesión el fin principal de las misiones.

Práctico y organizador, como auténtico genovés, compuso en 1712 el reglamento de misiones, que substancialmente, y aun en muchos detalles, coincide con el método corriente de las actuales misiones populares. Cada misión solía durar de quince a dieciocho días, comenzándose con la entrega del gran crucifijo, que plantaba en el palco o púlpito y señalaba patéticamente al pueblo: «He aquí el compendio de cuanto os vamos a predicar en estos santos días: Jesús crucificado». No se desdeñaba de hacer un moderado uso de piadosos recursos externos para crear y mantener el clima de misión, como tomar la disciplina interrumpiendo el sermón, la procesión de penitencia con el impresionante cuadro del «condenado», las procesiones del entierro de Jesús y de Nuestra Señora del Bello Amor, el lúgubre toque de la «campana del pecador» a las nueve de la noche. La misión terminaba con la solemne erección del vía crucis, «gran batería contra el infierno», de los que erigió 576. En días sucesivos daba pláticas al clero y ejercicios espirituales a las religiosas, forma de apostolado que, como igualmente la dirección espiritual, cultivó con abnegación y esmero. Sigilosamente se retiraba después al retiro más cercano «a predicar la misión a fray Leonardo», es decir, a intensificar su vida de penitencia y de unión con Dios.

Es imposible seguir el itinerario de sus cuarenta y cuatro años de misionero, en los que recorrió con los pies descalzos, sin sandalias, todos los caminos de la Italia del Norte y central, dando 339 misiones, reseñadas en el diario de su inseparable compañero fray Diego de Florencia con la anotación de los prodigios obrados en ellas. Particularmente intensas y fructuosas fueron las misiones predicadas en Roma en el jubileo extraordinario de 1740, y, más tarde, en la preparación del Año Santo de 1750, terminado con la solemne inauguración de las estaciones del vía crucis en el Coliseo el 27 de diciembre. Muy curiosas y accidentadas, pero plenamente logradas, las misiones de Córcega en 1744 ante auditorios frecuentemente armados de punta en blanco.

«Deseo morir en misión con la espada en la mano contra el infierno» –dice uno de sus propósitos–. Y así fue literalmente. Acabó su última misión el 24 de octubre de 1751 en las montañas de Bolonia; el 26 de noviembre, próximo a cumplir setenta y cinco años, moría en su amado retiro de San Buenaventura de Roma este «gran cazador del paraíso», como le llamaba su amigo Benedicto XIV. Anticipándose en más de un siglo a la «lluvia de rosas» de Santa Teresita, había escrito con fuerte estilo misional: «Cuando muera revolucionaré el paraíso y obligaré a los ángeles, a los apóstoles, a todos los santos, a que hagan una santa violencia a la Santísima Trinidad para que mande hombres apostólicos y llueva un diluvio de gracias eficacísimas que conviertan la tierra en cielo». Fue beatificado el 19 de junio de 1796 y canonizado el 29 de junio de 1867. La iconografía le muestra con el crucifijo misionero en el pecho o en el acto de mostrarlo al auditorio, emblema merecidísimo de este gran propagador del vía crucis y predicador incansable de Jesús crucificado, «principio y fin de toda nuestra obra».

Isidoro de Villapadierna, O.F.M.Cap.,
San Leonardo de Porto Maurizio, en Año Cristiano, Tomo IV,
Madrid, Ed. Católica (BAC 186), 1960, pp. 471-475

San Leonardo estimaba muchísimo el rezo del Santo Viacrucis (las 14 estaciones del viaje de Jesús hacia la cruz). A él se debe que esta devoción se volviera tan popular y tan estimada entre la gente devota. Como penitencia en la confesión ponía casi siempre rezar un Viacrucis, y en sus sermones no se cansaba de recomendar esta práctica piadosa. En todas las parroquias donde predicaba dejaba instaladas solemnemente las 14 estaciones del Viacrucis.

Logró erigir el Viacrucis en 571 parroquias de Italia.

Otras tres devociones que propagaba por todas partes eran la del Santísimo Sacramento, la del Sagrado Corazón de Jesús y la del Inmaculado Corazón de María. En este tiempo esas devociones estaban muchísimo menos popularizadas que ahora. A San Leonardo se le ocurrió una idea que después obtuvo mucho éxito: recoger firmas en todo el mundo para pedirle al Sumo Pontífice que declarara el dogma de la Inmaculada Concepción. Esto se hizo después en el siglo XIX y el resultado fue maravilloso: millones y millones de firmas llegaron a Roma, y así los católicos de todo el mundo declararon que estaban convencidos de que María sí fue concebida sin pecado original.

Daba dirección espiritual a muchas personas por medio de cartas. Se conservan 86 cartas que dirigió a una misma persona tratando de llevarla hacia la santidad.

Se le encomendó ir a predicar a la Isla de Córcega que estaba en un estado lamentable de abandono espiritual. Fue la más difícil de todas las misiones que tuvo que predicar. Él escribía: "En cada parroquia encontramos divisiones, odios, riñas, pleitos y peleas. Pero al final de la misión hacen las paces. Como llevan tres años en guerra, en estos años el pueblo no ha recibido instrucción alguna. Los jóvenes son disolutos, alocados y no se acercan a la iglesia, y lo grave es que los papás no se atreven a corregirlos. Pero a pesar de todo, los frutos que estamos consiguiendo son muy abundantes.

El Sumo Pontífice lo mandó volver a Roma para que se dedicara a predicar Retiros y Ejercicios a religiosos y monjas. Y el éxito de sus predicaciones era impresionante.

San Leonardo logró entonces cumplir algo que había deseado durante muchos años: poder erigir un Viacrucis en el Coliseo de Roma (que era un estadio inmenso para los espectáculos de los antiguos romanos, en el cual cabían 80,000 espectadores. Fue construido en tiempos de Vespasiano y Tito, año 70, y siempre había estado destinado a fines no religiosos. Sus impresionantes ruinas se conservan todavía). Desde San Leonardo se ha venido rezando el Viernes Santo el Viacrucis en el Coliseo, y casi siempre lo preside el Sumo Pontífice. El santo escribió entonces: "Me queda la satisfacción de que el Coliseo haya dejado de ser simplemente un sitio de distracción, para convertirse en un lugar donde se reza".

Ya muy anciano y muy desgastado de tanto trabajar y hacer penitencia, y después de haber pasado 43 años recorriendo todo el país predicando misiones, tuvo que hacer un largo viaje en pleno invierno. El Sumo Pontífice le mandó que ya no viajara a pie, sino en carroza, pero por el camino se destrozó el carruaje en el que viajaba y tuvo que seguir a pie, lo cual lo fatigó inmensamente.

El 26 de noviembre llegó a Roma y cayó en cama. En seguida envió un mensaje al Papa contándole que había obedecido su orden de volver a esa ciudad. A las nueve de la noche llegó un Monseñor con un mensaje muy afectuoso del Sumo Pontífice y una hora después murió nuestro santo. Era el año 1751.

 

Obras:

Una misa más o menos ¿poco importa? El tesoro escondido o valor y excelencias de la Santa Misa

http://ar.oocities.com/misa_tridentina08/tesoro_escondido.doc

 

Via Crucis Explanado, y Ilustrado Con Los Breves y Declaraciones de Los Sumos Pontifices Clemente XII y Benedicto XIV(1758)

http://books.google.com/books?id=VEd53aLzmQYC

 

Discurso Místico Moral

http://books.google.com/books?id=o2_J1x9ygCEC

http://books.google.com.ar/books?id=oRNlgwqsubQC

 

Liga Sagrada entre los Venerables confesores para administrar uniformemente el Sacramento de la Penitencia: 

sin laxitud y sin nimio rigor; dispuesta según las maximas de la Iglesia, decretos de los Sumos Pontivices y Doctrinas de los Santos Padres

http://books.google.com.ar/books?id=83e4vXYrNNUC

 

Obras completas (italiano)

http://books.google.com/books?id=n2PhL2n4VDwC

 

favor de avisarnos si encuentra más libros así los compartimos!

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Conrado, Santo Obispo, 26 Noviembre  

Conrado, Santo

Etimológicamente significa " consejero audaz". Viene de la lengua alemana.

Nos encontramos ante el segundo santo después de la separación luterana de la Iglesia de Roma.

Nació en Venushof el 22 de diciembre de 1818 y murió en la Baja Baviera tal día como hoy del 1894.

No le acompañó la suerte los primeros años de su vida. Se quedó huérfano y tuvo que ponerse a trabajar en la factoría de Venushof.

Los ideales del joven John Birndorfer – así se llamaba antes de entrar en el convento – eran de alcanzar la perfección humana y cristiana hasta el más alto

Conrado, Santo

grado que un ser humano puede lograr.

A la edad de 21 años, se dio cuenta de que Dios lo llamaba a una vida monástica , alejada del ruido de la fábrica. Dejó Parzham, renunció a su fábrica, a todo con tal de vivir en la comunidad de los Capuchinos como un hermano lego, es decir, sin llegar siquiera a sacerdote.

Una vez que pronunció ante dios sus votos de obediencia, celibato y pobreza – no miseria – lo enviaron al monasterio de Altötting.

Hay junto al lugar sagrado una gruta de la madre de Dios. Cada año la visitan miles y miles de peregrinos y devotos. A él le gustaba mucho estar ahí atendiendo a la gente como guardián.

Este trabajo lo realizó por espacio de 41 años.

Su paciencia era imperturbable, su atención a la gente brillaba por su amabilidad, sus palabras de aliento, su piedad y su diligencia en cuidar todos los detalles.

Nunca lo vio nadie irritado, nunca dijo una palabra fuera de tono o un juicio contra nadie, aunque su trabajo era inmenso por la mucha gente que acudía al monasterio.

Recibía tantas visitas que apenas tenía tiempo para comer con la comunidad religiosa.

Se ganaba los corazones de los adultos y niños.

Así lo confirma el hecho de que tres días antes de su muerte, supo que tenía que dejar aquella portería para entrar en las puertas del cielo.

Fue llevado a los altares en el 1934 por el Papa Pío XI.

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Fuente: Vatican.va
Santiago Alberione, Beato Sacerdote, 26 de noviembre  

Santiago Alberione, Beato

Presbítero y Fundador
de la Congregación de la Pía Sociedad de San Pablo Apóstol

Martirologio Romano: En Roma, beato Santiago Alberione, presbítero, que, solícito por la evangelización, se dedicó enteramente a poner al servicio de la sociedad humana los instrumentos de comunicación social para promover la verdad de Cristo, fundando, además, la Congregación de la Pía Sociedad de San Pablo Apóstol (1971).

 

Fundador de la Familia Paulina, fue uno de los apóstoles más creativos del siglo XX. Nacido en San Lorenzo di Fossano (Cúneo, Italia) el 4 de abril de 1884, recibió el bautismo al día siguiente. La familia Alberione, compuesta por Michele y Teresa Allocco más seis hijos, pertenecía a la clase campesina, era profundamente cristiana y trabajadora.

El pequeño Santiago, cuarto de los hijos, experimenta pronto la llamada de Dios: el primer año de la escuela elemental, al preguntarle la maestra qué hará cuando sea mayor, respondió: "Quiero ser cura". Los años de la niñez se orientan en esa dirección.

Trasladada la familia al pueblecito de Cherasco, parroquia de San Martín, diócesis de Alba, el párroco don Montersino ayuda al adolescente a tomar conciencia y a responder a la llamada. A los 16 años, Santiago es admitido en el seminario de Alba y enseguida se encuentra con quien le será padre, guía, amigo y consejero durante 46 años: el canónigo Francisco Chiesa.

Al término del Año Santo 1900, habiéndose sentido interpelado por la encíclica de León XIII "Tametsi futura", Santiago vive la experiencia determinante de su vida. La noche del 31 de diciembre de 1900, puente entre los dos siglos, el joven seminarista reza cuatro horas seguidas ante el Smo. Sacramento y proyecta en la luz de Dios su futuro. Una "luz especial " le vino de la Hostia, y desde aquel momento se siente "profundamente obligado a prepararse para hacer algo por el Señor y por los hombres del nuevo siglo": "obligado a servir a la Iglesia" con los nuevos medios que el ingenio humano presentaba.

El itinerario del joven Alberione prosigue intensamente durante los años del estudio de la filosofía y la teología. El 29 de junio de 1907 es ordenado sacerdote. Sigue una breve pero decisiva experiencia pastoral en Narzole (Cúneo), como vicepárroco. Allí encuentra al jovencito José Giaccardo, que para él será lo que fue Timoteo para el apóstol Pablo. Y también allí, el P. Alberione madura la comprensión de lo que puede hacer la mujer

Santiago Alberione, Beato

implicada en el apostolado.

En el seminario de Alba desempeña el cargo de Padre espiritual de los seminaristas mayores y menores, y da clases de varias asignaturas. Se presta para la predicación, catequesis y conferencias en diversas parroquias de la diócesis. Dedica asimismo mucho tiempo al estudio sobre la situación de la sociedad civil y eclesial de su tiempo y sobre las nuevas necesidades que se entrevén.

Comprende que el Señor le guía a una misión nueva: predicar el Evangelio a todos los pueblos, en el espíritu del apóstol Pablo, utilizando los medios modernos de comunicación. Atestiguan tal orientación dos libros suyos: Apuntes de teología pastoral (1912) y La mujer asociada al celo sacerdotal (1911-1915).

Dicha misión, para tener carisma y continuidad, debe ser asumida por personas consagradas, pues "las obras de Dios se hacen con los hombres de Dios". Y así, el 20 de agosto de 1914, mientras en Roma muere el papa Pío X, en Alba el P. Alberione da inicio a la "Familia Paulina" con la fundación de la Pía Sociedad de San Pablo. El comienzo es pobrísimo, de acuerdo con la pedagogía divina: "empezar siempre desde un pesebre".

La familia humana —en la que el P. Alberione se inspira— está compuesta de hermanos y hermanas. La primera mujer que sigue al P. Alberione es una muchacha veinteañera de Castagnito (Cúneo): Teresa Merlo. Con su aporte, Alberione da comienzo a la congregación de las Hijas de San Pablo (1915). Lentamente la "Familia" se desarrolla, las vocaciones masculinas y femeninas aumentan, el apostolado se delinea y toma forma.

En diciembre de 1918 se produce una primera partida de "hijas" hacia Susa (Turín): empieza una intrépida historia de fe y de iniciativas, que engendra incluso un estilo característico, denominado "a la paulina". Este camino parece interrumpirse en 1923, cuando el P. Alberione enferma gravemente y el diagnóstico de los médicos no deja esperanzas. Pero el Fundador reemprende milagrosamente el camino: "San Pablo me curó", comentará después. Por entonces aparece en las capillas paulinas la frase que, en sueño o en revelación, el divino Maestro dirige al Fundador: "No temáis - Yo estoy con vosotros - Desde aquí quiero iluminar - Caminad en continua conversión".

Al año siguiente viene a la vida la segunda congregación femenina: las Pías Discípulas del Divino Maestro, para el apostolado eucarístico, sacerdotal, litúrgico. A guiarlas en la nueva vocación, el P. Alberione llama a la joven Hna. Ma.
Escolástica Rivata, que

Santiago Alberione, Beato

morirá a los noventa años en olor de santidad.

En el campo apostólico, el P. Alberione promueve la impresión de ediciones populares de los Libros Sagrados, y con las publicaciones periódicas se lanza a las formas más rápidas para hacer llegar el mensaje de Cristo a los lejanos. En 1912 ya había aparecido la revista Vida Pastoral destinada a los párrocos; El Domingo, hojita semanal para la animación de la liturgia dominical, sale en 1921; en 1931 nace Familia Cristiana, revista semanal con la finalidad de alimentar la vida cristiana de las familias. Seguirán: La Madre de Dios (1933), "para desvelar a las almas las bellezas y las grandezas de María"; Pastor bonus (1937), revista mensual en latín; Camino, Verdad y Vida (1952), revista mensual para dar a conocer y enseñar la doctrina cristiana; La Vida en Cristo y en la Iglesia (1952), con el fin de hacer "conocer los tesoros de la Liturgia, difundir cuanto sirve a la Liturgia, vivir la Liturgia según la Iglesia". El P. Alberione piensa también en los muchachitos: para ellos empieza a publicar en 1924 Il Giornalino 1.

Se pone mano asimismo a la construcción del gran templo dedicado a san Pablo en Alba. Seguirán los otros dos a Jesús Maestro (en Alba y Roma) y el santuario a la Reina de los Apóstoles (Roma). Sobre todo se mira a salir de los confines locales y nacionales. En 1926 nace la primera Casa filial en Roma, seguida en los años sucesivos por muchas fundaciones en Italia y en otras naciones.

Entretanto crece el edificio espiritual: el Fundador inculca el espíritu de entrega mediante "devociones" de fuerte dinamismo apostólico: a Jesús Maestro y Pastor "Camino y Verdad y Vida", a María Madre, Maestra y Reina de los Apóstoles; a san Pablo apóstol. Es precisamente la referencia al Apóstol lo que califica en la Iglesia a las nuevas instituciones como "Familia Paulina". La meta ansiada por el Fundador como primer empeño, es la conformación plena con Cristo: acoger todo el Cristo Camino y Verdad y Vida en toda la persona, mente, voluntad, corazón, fuerzas físicas. Orientación codificada en el librito Donec formetur Christus in vobis (1932).

En octubre de 1938 el P. Alberione funda la tercera congregación femenina: las Hermanas de Jesús Buen Pastor o "Pastorcitas", destinadas al apostolado pastoral directo en auxilio de los Pastores.

Durante el obligado paréntesis de la segunda guerra mundial (1940-1945), el Fundador no se detiene en su itinerario espiritual. Va acogiendo en medida creciente la luz de Dios en un clima de adoración y contemplación. De ello son testimonio los Cuadernillos espirituales, en los que anota las inspiraciones y los medios que adoptar para responder al proyecto de Dios. En esta atmósfera espiritual nacen las meditaciones que cada día dicta a los hijos e hijas, las directrices para el apostolado, la predicación de incontables retiros y cursos de ejercicios (recogidos en sendos opúsculos). El empeño del Fundador es siempre el mismo: hacer comprender a todos que "la primera preocupación en la Familia Paulina será la santidad de la vida, la segunda la santidad de la doctrina". A la luz de esto hay que entender su Proyecto de una enciclopedia sobre Jesús Maestro (1959).

En 1954, recordando el 40 aniversario de fundación, el P. Alberione aceptó por primera vez que se escribiera de él en el volumen Mi protendo in avanti 2, y consintió en facilitar algunos apuntes suyos acerca de los orígenes de la fundación. Surgió así el librito Abundantes divitiæ gratiæ suæ, que se considera como la "historia carismática de la Familia Paulina". Familia que fue completándose entre 1957 y 1960, con la fundación de la cuarta congregación femenina, el Instituto Regina Apostolorum para las vocaciones (Hermanas "Apostolinas"), y de los Institutos de vida secular consagrada: San Gabriel Arcángel, Virgen de la Anunciación, Jesús Sacerdote y Santa Familia. Diez instituciones (incluidos los Cooperadores Paulinos), unidos todos ellos por el mismo ideal de santidad y de apostolado: la reafirmación de Cristo "Camino, Verdad y Vida" en el mundo, mediante los instrumentos de la comunicación social.

A lo largo de los años 1962-1965, el P. Alberione es protagonista silencioso pero atento del Concilio Vaticano II, a cuyas sesiones participa diariamente. Entre tanto, no faltan tribulaciones y sufrimientos: la muerte prematura de sus primeros colaboradores, Timoteo Giaccardo y Tecla Merlo; la preocupación por las comunidades en países con dificultades y, personalmente, una martirizadora escoliosis, que le atormentaba noche y día.

Vivió 87 años. Cumplida la obra que Dios le había encargado, el 26 de noviembre de 1971 dejó la tierra para ocupar su sitio en la Casa del Padre. Sus últimas horas se vieron confortadas con la visita y la bendición del papa Pablo VI, que nunca ocultó su admiración y veneración por el P. Alberione. Es conmovedor el testimonio que dio de él en la audiencia concedida a la Familia Paulina el 28 de junio de 1969 (el Fundador tenía 85 años):

"Miradlo: humilde, silencioso, incansable, siempre alerta, siempre ensimismado en sus pensamientos, que van de la oración a la acción, siempre atento a escrutar los "signos de los tiempos", es decir, las formas más geniales de llegar a las almas... Nuestro P. Alberione ha dado a la Iglesia nuevos instrumentos para expresarse, nuevos medios para vigorizar y ampliar su apostolado, nueva capacidad y nueva conciencia de la validez y de la posibilidad de su misión en el mundo moderno y con los medios modernos. Deje, querido P. Alberione, que el Papa goce de esta prolongada, fiel e incansable fatiga y de los frutos por ella producidos para gloria de Dios y bien de la Iglesia".

El 27 de Abril de 2003 fue beatificado por el papa Juan Pablo II

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Fuente: Vatican.va
Humilde de Bisignano, Santo Confesor, 26 Noviembre  

Humilde de Bisignano, Santo

Humilde de Bisignano (1582-1637) pertenece al pueblo de los "pequeños" que Dios ha elegido para confundir a los "sabios" y a los "poderosos" de este mundo. En efecto, el Padre reveló su misterio de condescendencia al franciscano de Bisignano, porque éste se dejó asir por el amor de Dios y tomó el suave yugo de la cruz, que fue siempre una fuente de paz y de consuelo para él.

Hijo de Giovanni Pirozzo y de Ginevra Giardino, nació el 26 de agosto de 1582 en Bisignano (Cosenza) y recibió en el bautismo el nombre de Luca Antonio. Desde su niñez causó admiración por su extraordinaria piedad: participaba diariamente en la santa misa, comulgaba en todas las fiestas y oraba meditando la pasión del Señor incluso mientras estaba trabajando en el campo.

Ingresado en la Cofradía de la Inmaculada Concepción, solía ser indicado a los miembros de la misma como modelo de todas las virtudes. En los procesos canónicos se recuerda que su respuesta a alguien que le dio un solemne bofetón en la plaza pública, fue simplemente presentar con humildad la otra mejilla. Hacia los dieciocho años sintió la llamada de Dios a la vida consagrada, pero, por diversas causas, tuvo que retrasar nueve años la realización de su propósito, retraso que no le impidió empeñarse en una vida más austera y fervorosa.

A los veintisiete años ingresó en el noviciado de los frailes menores de Mesoraca (Crotone), donde la formación de los jóvenes estaba encomendada a dos santos religiosos: el P. Antonio de Rossano, maestro de novicios, y el P. Cósimo de Bisignano, guardián del convento. Emitió la profesión religiosa el 4 de septiembre de 1610, tras superar, por intercesión de la Virgen, no pocas dificultades.

Ejerció con simplicidad y diligencia las tareas típicas de los religiosos no sacerdotes, como ir a pedir limosna, atender el servicio de la mesa de la comunidad, cultivar el huerto y otros trabajos manuales que le encomendaron los superiores.

Desde el noviciado se distinguió por su madurez espiritual y por su fervor en la observancia de la Regla. Se entregó con denuedo a la oración y Dios ocupó siempre el centro de sus pensamientos. Fue obediente, humilde y dócil, y compartió con alegría los diversos momentos de la vida de comunidad. Después de la profesión religiosa intensificó su empeño en el camino de la santidad. Multiplicó las mortificaciones, los ayunos y el celo en el servicio de Dios y de la comunidad. Su caridad lo hizo amado de todos: de los frailes, del pueblo y de los pobres, a quienes ayudaba distribuyéndoles cuanto recibía de la Providencia. Los dones carismáticos con que estuvo abundantemente dotado los empleó para gloria de Dios, para construir el Reino de Cristo en las almas y para consuelo de los necesitados.

Desde la juventud tuvo el don de continuos éxtasis, hasta el punto de ser llamado "el fraile extático". Estos éxtasis le ocasionaron una larga serie de pruebas y de humillaciones, a las que le sometieron sus superiores con el fin de tener la certeza de que provenían realmente de Dios y no había en ellos engaño diabólico. Tales pruebas, felizmente afrontadas y superadas, acrecentaron la fama de su santidad entre los hermanos de hábito y entre los extraños.

Estuvo adornado también con extraordinarios dones de lectura de los corazones, de profecía, de milagros y, sobre todo, de ciencia infusa. Aunque era analfabeto y sin estudios, respondía a preguntas sobre la Sagrada Escritura y sobre cualquier punto de la doctrina católica con una precisión que asombraba a los teólogos. Varias veces fue examinado por una asamblea de sacerdotes seculares y regulares, presidida por el Arzobispo de Reggio Calabria, que le presentaban dudas y objeciones; por varios profesores de la ciudad de Cosenza; por el inquisidor Mons. Campanile, en Nápoles, en presencia del P. Benedetto Mandini, teatino; y por otros. Pero fray Humilde respondía siempre con tanta sabiduría que sorprendía a sus examinadores.

Es fácil comprender la estima que le rodeaba por doquier. El P. Benigno de Génova, Ministro general de la Orden, lo llevó como acompañante en su visita canónica a los frailes menores de Calabria y de Sicilia. Gozó de la confianza de los sumos pontífices Gregorio XV y Urbano VIII, que lo llamaron a Roma y, tras un riguroso examen, se sirvieron de su oración y de su consejo. Permaneció bastantes años en Roma, donde vivió casi siempre en el convento de San Francisco a Ripa y, algunos meses, en el de San Isidoro. También vivió algún tiempo en el convento de la Santa Cruz, en Nápoles, donde se prodigó difundiendo el culto al Beato Juan Duns Escoto, venerado especialmente en la diócesis de Nola.

Alrededor de 1628 pidió poder "ir a padecer" en tierra de misiones. Habiendo recibido de los superiores una respuesta negativa, siguió sirviendo al Reino de Dios entre su gente, atendiendo a los más necesitados, a los marginados y a los olvidados (cf. VC 75).

Su vida fue una "oración incesante por todo el género humano". Sus oraciones eran simples, pero brotaban del corazón. A la pregunta del P. Dionisio de Canosa, su confesor durante muchos años y su primer biógrafo, sobre qué era lo que pedía al Señor durante tantas horas de oración, respondió: "Lo único que hago es decir a Dios: "!Señor, perdóname mis pecados y haz que te ame como estoy obligado a amarte; y perdona los pecados a todo el género humano, y haz que todos te amen como están obligados a amarte!"".

Siempre dispuesto a obedecer con prontitud, valeroso en la pobreza, acogedor en la vivencia alegre de la castidad, fray Humilde recorrió un camino de luz que lo llevó a la contemplación de la Luz divina el día 26 de noviembre de 1637, en Bisignano, es decir, en el lugar "donde había recibido el espíritu de la gracia" (LM 14, 3a) y desde donde "ilumina el mundo con multitud de milagros" (1 Cel 118a).

Fue beatificado por León XIII el 29 de enero de 1882. Canonizado por Juan Pablo II el 19 de mayo de 2002.

Humilde, el hombre que depende totalmente de Dios

El misterio de la vida del Beato Humilde es ciertamente el misterio de un Dios que hace cosas grandes en la criatura que cree en él y se confía por entero a su amor, consagrando todo, presente y futuro, en sus manos y dedicándose enteramente a su servicio (cf. VC 17).

Pero su vida, en la que resplandece el fulgor de la santidad de Dios, es también un misterio de disponibilidad de esta criatura que, en su profunda y convencida humildad, repite con frecuencia: "Todas las criaturas alaban y bendicen a Dios; yo soy el único que lo ofende".

Humilde de Bisignano, invitado por Cristo a dejar todo y a arriesgar todo por el Reino de Dios, sintió la fascinación del Evangelio de las bienaventuranzas y aceptó ponerse al servicio del plan de Dios sobre él, consagrándose a vivir como Francisco de Asís "en obediencia, sin nada propio y en castidad" (S. Francisco de Asís, Regla bulada 1, 1).

En efecto, a imitación de María, que cumplió plenamente la voluntad del Padre, los pobres están libres de tantos lazos que atan a las cosas que pasan y de tantas ambiciones que sólo producen desilusiones amargas, y tienen el espíritu pronto y disponible. El alma verdaderamente pobre no se preocupa ni se agita ni se disipa enredada en muchas cosas, sino mira hacia arriba y se deja fascinar por Dios y por el Evangelio de su Hijo.

Es la sorprendente sabiduría que se nos revela, 365 años después de su tránsito, en el testimonio de fe del Beato Humilde de Bisignano.

Hoy día nuestra mirada contempla asombrada al gran hijo de Calabria, tierra donde la santidad ha florecido de tantas formas a lo largo de los siglos marcando su gloriosa historia. Con él cantamos la misericordia infinita de un Dios que es "fuente de alegría para cuantos caminan en su alabanza". !Siguiendo su ejemplo acojamos la llamada a la conversión y a la santidad que nos llega a través de su testimonio de fidelidad gozosa al Evangelio!

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Fuente: DonBosco.es
Margarita Occhiena, Venerable Mamá de San Juan Bosco, 26 Noviembre  

Margarita Occhiena, Venerable

Margarita Occhiena nació el 1 de abril de 1788 en Capriglio (Asti, norte de Italia). Casada con Francisco Bosco, se trasladó a vivir a I Becchi. Después de la muerte prematura de su marido, Margarita, a sus 29 años, tuvo que sacar adelante a su familia, ella sola, en un tiempo de hambruna cruel. Cuidó de la madre de Francisco y de su hijo Antonio, a la vez que educaba a sus propios hijos, José y Juan. Éste último sería sacerdote y el fundador de la Congregación Salesiana.

Mujer fuerte, de ideas claras, de fe recia, decidida en sus opciones, observaba un estilo de vida sencillo y se preocupó de la educación cristiana de sus hijos. Educó a tres chicos de temperamento muy diferente y más de una vez se vio obligada a tomar decisiones extremas (tal como tener que mandar fuera de casa al más pequeño, Juan, a fin de preservar la paz en casa y ofrecerle la posibilidad de estudiar).

Corría el año 1848 cuando, con un cariño especial, acompañó a su hijo Juan en su camino hacia el sacerdocio y fue entonces, a sus 58 años, cuando abandonó su casita y tranquilidad en su pueblo y le siguió en su misión entre los muchachos pobres y abandonados de Turín. Aquí, durante diez años, madre e hijo unieron sus vidas con los inicios de la Congregación Salesiana. Ella fue la primera y principal cooperadora de don Bosco y, con su amabilidad hecha vida, aportó su presencia maternal al Sistema Preventivo.

Fue así como, aún sin saberlo, llegó a ser la "cofundadora" de la Familia Salesiana, capaz de formar a tantos santos, como Domingo Savio y Miguel Rua. Era analfabeta pero estaba llena de aquella sabiduría que viene de lo alto, ayudando, de este modo, a tantos niños de la calle, hijos de nadie. Para ella Dios era lo primero, así consumió su vida en el servicio de Dios, en la pobreza, la oración y el sacrificio.
Murió a los 68 años de edad, en Turín, un 26 de noviembre de 1856. Una multitud de muchachos que lloraban por ella como por una madre, acompañó sus restos al cementerio.

Fue declarada Venerable, el 15 de Noviembre de 2006, por Benedicto XVI a través de un decreto publicado hoy por la Congregación para la Causa de los Santos.

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Belino de Padua, Santo Mártir y Obispo, 26 Noviembre  

Belino de Padua, Santo

Nacido en Fratta Polesine, Venecia, Italia en fecha no conocida.

En el lugar llamado Fratta Polesine, en el territorio de Rodigo, en la región véneta limitando con Venecia, murió san Belino, obispo de Padua y mártir, defensor eximio en Iglesia, que cruelmente malherido por unos sicarios, murió a consecuencia de las lesiones recibidas.
Era el año 1151.

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Fuente: Vatican.va
Cayetana Sterni, Beata Fundadora, 26 de noviembre  

Cayetana Sterni, Beata

Fundadora de la Congregación de las Hermanas
de la Divina Voluntad

Martirologio Romano: En Passano, cerca de Vicenza, en Italia, beata Cayetana Sterni, religiosa, que, habiendo enviudado siendo aún joven, se entregó al servicio de los pobres, fundando la Congregación de las Hermanas de la Divina Voluntad, para atender a los menesterosos y enfermos (1889).

 

Cayetana Sterni vivió toda su vida en Bassano del Grappa, antigua y alegre cindad de la provincia de Vincenza (Italia). Alli llegó con su familia, a los 8 años, desde la cercana Cassola, donde nació, el 26 de junio de 1827. Su padre, Giovanni Battista Sterni, administraba las propiedades de campo de la familia Mora, nobles venecianos, en "Ca'Mora de Cassola", donde vivió holgadamente con su esposa Giovanna Chiuppani y sus 6 hijos.

En 1835 se trasladó con su familia a Bassano. Al poco tiempo, algunas vicisitudes cambiaron las condiciones de vida de la familia Sterni. A los 18 años murió su hermana mayor, Margarita y después de una penosa enfermedad, murió su padre; mientras su hermano Francisco, en busca de una carrera artistica se alejó de la familia, que por entonces, estaba pasando una critica situación económica. Estos hechos marcaron la vida de Cayetana, que crecía rapídamente, condividiendo con su madre los problemas de cada día.

Es inteligente, se muestra sensible y madura, llena de entusiasmo, "deseosa de amar y de ser amada".Su educación en la fé es sólida y apoyada por el testimonio de vida y enseñanzas de su madre, de la oración y frecuencia de los sacramentos. En su ambiente familiar adquirió estima y aprecio por su viva personalidad, llena de buen sentido y por su delicada feminilidad. Estas sus cualidades humanas atrajeron la atención de un joven emprendedor, viudo y con 3 hijos que quiso hacerla su esposa.Valorando conscientemente sus sentimientos, la responsabilidad del matrimonio y haciendo caso omiso de su tutor, Cayetana, a los 16 años, aceptó ser la esposa de Liberale Conte. La joven esposa llena el nuevo hogar, de vitalidad, serenidad y alegría. Cuando Cayetana sabe que espera un hijo, la felicidad de los esposos es completa.

Un día estando en oración tuvo el presentimiento del inminente fallecimento de su esposo. Su espíritu se sintió turbado y angustiado porque veía desaparecer la persona màs querida de su vida. Al mismo tiempo, siente en lo más íntimo de su alma, la presencia de una fuerza espiritual que la fortalece para no caer en la desesperación y más bien, abandonarse completamente en Dios.

El presentimiento de la muerte de su esposo , se hizo realidad, y Liberale Conte muere en la plenitud de su juventud, vigor y salud. La joven esposa vive momentos de terrible angustia no sólo por la muerte de su esposo, sino tambien por el dolor de sus hijos, de nuevo huérfanos y por la muerte prematura de su propio hijo que no conoció a su padre. Estos difíciles momentos de su vida, Cayetana los vive con confianza y completo abandono en el Señor, su única esperanza y fortaleza. El dolor y sufrimiento se renovaron cuando el hijo tanto deseado y esperado murió a los pocos días de su nacimiento.

Inicia para Cayetana la prueba dolorosa de la viudez. La familia de su difunto esposo, no justificando el afecto que la une a los 3 hijos huérfanos, le hacen la vida imposible con sospechas, incomprensiones y calumnias, hasta llegar a separarla de sus hijos y alejarla de su querido hogar. A los 19 años, Cayetana regresa a la casa de su madre. No obstante esta prueba grande y dura, Cayetana olvídándose de sí, ayuda a sus hijos a comprender y a aceptar esta separación.

Amable y segura defiende los derechos de sus hijos, perdona, comprende y logra la plena reconciliación con todos sus familiares. El sufrimiento no la desepera. Su fina y delicada sensibilitad se hace presencia misericordiosa y solidaria.

Jamás había pensado hacerse religiosa. Mirando al futuro y en el silencio de la oración pide a Dios le haga conocer cuàl es el esposo que Dios quiere para ella. Precisamente en la oración comprede con claridad meridiana que es Dios mismo quien quiere "ser el único esposo de su alma". Grande fué la sorpresa de Cayetana. En diálogo con su confesor, este le asegura, que se trata de una auténtica llamada de Dios. Por tanto, pide ingresar en el convento de las Canosianas de Bassano, siendo aceptada como postulante y donde solamente vive felizmente 5 meses. Estando en oración tiene el presentimiento de la vecina muerte de su madre, y se prepara espiritualmente a esta nueva prueba de su vida. Pocos días después, muere su madre y Cayetana tiene que dejar su querida comunidad y convento para cuidar y velar por sus hermanos menores.

Pasan años afrontando dificultades, enfermedades, sinsabores y estrechezes económicas.No obstante todo esto, logra darse una forma de vida que la sostiene y fortalece espiritualmente.

Consultando nuevamente a su confesor y en asidua oración para conocer cual el la voluntad de Dios, Cayetana comienza a entrever que Dios la quiere totalmente dedicada al servicio de los pobres y necesitados. Cayetana recuerda y no puede olvidar, que durante su breve permanencia con las Canosianas al mismo tiempo que presentía la ya cercana muerte de su madre, comenzaba a intuír que Dios mismo, la estaba preparando para el hospicio y allí "entregar toda su vida al servicio de los pobres y así cumplir su voluntad". Por mucho tiempo conserva oculta en su corazón esta llamada de Dios que no se atreve a manifestarla a su confesor, porque le parece una llamada extraña y exigente. Finalmente cuando abre su espiritu a su confesor, este no le da mucha credibilitad. No obstante la actitud del confesor, Cayetana cada vez que ve y encuentra un pobre en el hospicio, siente de nuevo la invitación del Señor: "te quiero entre mis pobrecitos". A esta invitación, Cayetana se dice a sí misma: "la idea del hospicio siempre me persigue". En 1853 "sólo por hacer la voluntad de Dios" se da al servicio de los pobres en el hospicio de su ciudad, que por entonces contaba 115 huéspedes, "en su mayoría víctimas de una vida desordenada y del vicio". Allí permanece 36 años hasta el día de su muerte, entregada cpmpletamente al sevicio de los pobres con infatigable caridad. En las noches de vela junto al lecho de los muribundos, en los servicios más humildes a los ancianos y enfermos, Cayetana era toda, abnegación, dulzura, suavidad y ternura, con la firme convicción de servir a Dios mismo en cada pobre y en cada necesitado.

Con gran confianza en Dios y con un gran deseo de ser toda de El, buscó hacer y cumplir en todo, sólo su voluntad. A los 33 años y con la aprobación de su confesor, Don Simonetti, hizo el voto de donación total de sí misma a Dios, "dispuesta a aceptar lo que Dios quiera disponer para ella". Con ilimitada confianza se abandona en las manos de Dios, "debil instrumento del cual Dios se sirve para sus designios". Atribuye sólo alla Divina Providencia el nacimento de su congregación que surge en la simplicidad y en el ocultamento, con la profesión de sus dos primeras compañeras en 1865.

El nombre de "Hijas de la Divina Voluntad", interiormente inspirado a Cayetana, para ella y para sus seguidoras, indica la característica propria que siempre las debe distinguir: "uniformidad en todo a la Divina Voluntad, mediante un total abandono en Dios y un santo zelo por el bien del prójimo, dispuestas si fuera necesario a sacrificarse totalmente". Como ella, sus primeras compañeras animadas por el mismo espíritu, se consagraron a la Voluntad de Dios y se dedicaron al servicio de los pobres del Hospicio, al prójimo necesitado, especialmente con la asistencia de los enfermos a domicilio y con otras obras de caridad, según las necesitades particulares del momento.El obispo de Vicenza aprobó las primeras reglas de la congregación en 1875.

Cayetana muere el 26 noviembre de 1889, amorosamente asistida por sus hijas y venerada por sus conciudadanos. Sus restos mortales son venerados en la Casa Madre.Desde sus inicios la Congregación de las Hijas de la Divina Voluntad se ha multiplicado y difundido, siendo presente attualmente en Europa, America y Africa. El camino de santidad de Cayetana Sterni, es esencialmente, un itinerario espiritual que se puede y debe proponer a todo cristiano: cumplir en todo y siempre lo que agrada al Señor, entregándose a El, con ilimitada confianza, para cambiar con la sóla fuerza del amor, el mal en bien, siguiendo el ejemplo de Jesús.

Fue beatificada el 4 de noviembre de 2001 por S.S. Juan Pablo II.

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Siricio, Santo XXXVIII Papa de la Igresia, 26 Noviembre  

Siricio, Santo

Papa de la Iglesia Católica entre 384 y su muerte, en 399.

Al morir el papa Dámaso I, el más fuerte candidato para sustituirle era Jerónimo, pero debido a su fuerte carácter y comentarios hirientes no tuvo la aceptación necesaria. Fue elegido Siricio, quien comenzó su pontificado en 384. Disgustado por esta elección, Jerónimo abandonó Roma y se marchó a Oriente.

Siricio es el primer papa en utilizar su autoridad en sus decretos utilizando palabras como: "Mandamos", "Decretamos", "Por nuestra autoridad..." en el estilo retórico típico del emperador. Siricio fue también el primero en usar el título de Papa.

Consagró la primera basílica de San Pablo Extramuros. Su nombre aún puede verse en una de las columnas de esta basílica que no fue dañada durante el incendio de 1823 que casi la destruyó totalmente.

Decretó el celibato para los clérigos.

Murió el 26 de noviembre de 399 y está enterrado en la catacumba de Priscila.

No fue hasta el siglo XVIII que su nombre fue incluido en la lista de los santos por el papa Benedicto XIV.

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Fuentes: IESVS.org; EWTN.com; Colección Hablar con Dios de www.FranciscoFCarvajal.org de www.edicionespalabra.es , misalpalm.com, Catholic.net

 

Mensajes anteriores en: http://iesvs-org.blogspot.com/

 

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